Botellas de Cerveza de Gres
de Argentina Siglo XIX
         
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Beer Bottles Stoneware from Argentina 19 Century  
 

Historia por el Arquitecto Daniel Schávelzon


El gres es un producto cerámico de alta calidad: de tradición netamente europea fue habitual en los países del norte y centro de dicho continente desde la mitad del siglo XVI, pero sólo se produjo en escala de exportación desde la segunda mitad del siglo XVII; su tecnología se transmitió rápidamente hacia Estados Unidos en donde fue fabricado para usarlo en la vajilla hogareña, aún más que en los países de origen. Es interesante destacar que en nuestro medio fue un producto de importación masiva durante el siglo XIX -aunque lo hubo esporádicamente desde antes-, y su repentina aparición y desaparición marca momentos significativos en la historia de la cultura material rioplatense. Hay quienes incluso piensan que existió una cultura del porrón en Argentina: Eduardo Holmberg en 1907 al viajar por Santa Cruz recibió como instrucción: "guíese usted más que por las estrellas y la brújula ( ...) por los porrones de ginebra que los ingleses van dejando junto al camino".

La bibliografía de la época está signada por este tipo de descripciones, ya que el consumo de cerveza y de ginebra en el siglo XIX superaban ampliamente al del vino, por lo que se introdujeron al país millones de botellas que aún son habituales en contextos rurales. Su alta calidad ha hecho que, pese al tiempo transcurrido, aún continúen en uso o se conserven en excelente estado. El gres se diferencia de la cerámica roja y de la loza por la alta temperatura de cocción, el color de su pasta, su composición y el tipo de productos a que está destinado.

Es un material hecho con una manufactura de alta calidad aunque no de una tecnología desarrollada; el grano es muy fino y sin impurezas -salvo excepciones buscadas-, cuya cocción lo hace muy duro, de quiebre limpio y con filo, de colores blanco, beige, marrón o gris, trabajados con torno que dejan marcas en el interior y en la base interior, de muchísima resistencia y dureza, absolutamente impermeable, con posibilidad de teñir y pintar e incluso de imprimir etiquetas sobre su superficie lisa y tersa tras ser vidriada, y de adherir figuras, escudos u otros símbolos. Muchas veces la base, en su parte inferior, presenta círculos concéntricos, marcas con esa forma o pequeñas ondulaciones, producto del alambre que se usaba para despegar la pieza del torno. También desde mitad del siglo XIX la base tiene al exterior un pequeño ángulo o quiebre distintivo.

Por lo general desde su aparición en la región del Rhin el gres fue destinado a contener ciertos productos determinados, variando su forma acorde al destino y no siendo casi nunca un contenedor de tipo universal como el vidrio. Cada país fue adoptando formas adecuadas a funciones específicas y por lo general no se les cambió el uso en dos siglos, manteniendo las formas casi intocadas; en Estados Unidos y en Inglaterra hubo recipientes de boca ancha para conservas que se vendían vacíos para uso doméstico, pero son la excepción. Lo que sí existió entre nosotros es el reuso intenso por la alta calidad de los envases y el rellenado de las botellas de cerveza o de tinta cambiando simplemente la etiqueta de papel una y otra vez.

La estructura de la tipología en este caso ha sido compleja, ya que las existentes en el marco internacional no son extrapolables. Por ejemplo los envases provenientes del barco Bertrand, quizás el más famoso en la arqueología histórica, no tienen similitud con los nuestros, y cuando la hay no coinciden fabricantes ni cronologías (Switzer 1974). Es por eso que se ha establecido un marcador cronológico separando los siglos XVII-XVIII del XIX, en el primero hemos incluido los tipos ya establecidos en Europa y Estados Unidos; en el segundo hemos usado lo ya planteado en el país en trabajos anteriores (Schávelzon 1987, 1991 y 1994; Volpe 1994). Se cuentan en el país varias colecciones provenientes de excavaciones: en el interior hemos visto lo hallado en los cabildos de Mendoza y Córdoba, en Rosario lo descubierto en sus basurales, en Tandil hemos hecho un estudio de la Cervecería Henault, en Buenos Aires hay cientos de fragmentos y botellas completas de todas las excavaciones y he publicado en detalle los provenientes del Sitio 1 de Palermo.

Ahora el muestrario es suficientemente amplio como para establecer una clasificación y su fechamiento con cierta seguridad. Los objetos de gres deben haber comenzado a llegar a estas tierras en forma esporádica desde el siglo XVII, cuando los talleres alemanes y holandeses comenzaron su producción sistemática, en manos de viajeros y conquistadores; no tenemos datos documentale sobre su importación, pero los fragmentos estudiados en las colecciones de Santa Fe la Vieja así lo hacen suponer. Para el siglo XVIII hay un poco más de información: un fragmento encontrado en el Convento de San Francisco en Tucumán asociado a cerámica de ese siglo y al menos dos fragmentos de bases de tipo porrón de ginebra encontrados en San Telmo también asociados al siglo XVIII medio así lo hacen suponer.

El alto costo del vidrio, que hasta finales del siglo XVIII estaba gravado por un fuerte impuesto en Europa para favorecer a los ceramistas, hacía del gres el producto por excelencia para las pobres condiciones económicas y sociales de esta región: era barato, indestructible, reusable hasta al infinito, impermeable y de buena hermeticidad, con cierres sencillos y eficientes como los ya inventados corchos. Por cierto se usó para funciones tan diversas como calentarse los pies en la cama o de cantimplora para los ejércitos de frontera; después de la Primera Guerra Mundial, al quedar fuera de uso se la utilizó para canteros de flores y para el contrapiso de casas o para los pavimentos de carreteras.

Los envases más antiguos no tienen marcas salvo las del fabricante, la que generalmente viene al pie y encerrada dentro de un óvalo en bajorrelieve y bajo el vidriado exterior, indicando el nombre del industrial, la ciudad y el lote. Hacia mitad del siglo pasado las fábricas europeas ofrecían por catálogo a los envasadores de cerveza locales el imprimirles sobre la superficie de las botellas una etiqueta con los datos que se les proporcionaran; muchas tienen errores de tipografía producidos por esto. Desde inicios del siglo XIX las botellas pudieron tener decoración con baños de otro color del de la cerámica original o su vidriado -marrón de óxido de hierro sobre el blanco en las de cerveza-, y desde mitad de ese siglo también era posible teñir el gres: algunos envases de whisky están cubiertos con colores como rojo, negro o azul. Poco más tarde comenzaron a imprimirse por transferencia motivos similares a los de la loza. Todo esto puede ser útil para el fechamiento de las variantes establecidas.

Podríamos aquí hacer algunas observaciones acerca del uso de estos recipientes, ya que llama la atención que aún a principios del siglo XX se importaran en tanta cantidad, cuando en el mundo el vidrio ya los estaba reemplazando y su precio había subido. Nuestra idea es que estos envases tenían mayores posibilidades de reuso que el vidrio -que se rompía más rápido- y el público, en especial en el contexto rural, estaba acostumbrado a estos contenedores, de allí que se mantuvieron en uso por tanto tiempo. Lo conservador del mercado de consumo y la pobreza imperante en las clases bajas favorecía el gres sobre otros materiales; lo que determinaba su adquisición no era el precio de compra sino el valor de reuso a largo plazo (Schávelzon 1999).

El Gres
Siglos XIX - XX Fechamiento: 1810 - 1916


Es el tipo más común de hallar, habiendo en el país excelentes colecciones provenientes de excavaciones -se han hallado en todas las que cubren el siglo XIX-, al igual que hay importantes colecciones privadas: se trata de botellas de pasta de color blanco mate con dos formas básicas denominadas sinusoidales y cilíndricas, que establecen las dos variedades conocidas. Dentro de ellas veremos diferentes decoraciones, dimensiones y detalles de terminación. Estas botellas comenzaron a llegar al país con el ingreso de la cerveza primero con la apertura del comercio y más aún tras la independencia y el incremento del comercio con Inglaterra, hasta transformarse en un hábito popular que desplazó al vino; Wilde recordaría de esa época en que "la mayor parte de los artículos que hoy constituyen el surtido de un almacén de comestibles eran completamente desconocidos (...) como la cerveza inglesa, y tanto otro artículo que hoy abunda" (1966:237).

Si podemos ubicar la primera gran difusión para la década de 1820, ésta fue con botellas del tipo sinusoidal, con y sin baño color chocolate. Para 1850 comenzaron a llegar al país las de forma cilíndrica, raramente con baño chocolate, y aún más estandarizadas que las primeras, las que lógicamente continuaron en uso. Las más comunes de este nuevo tipo son las lisas y las que tenían una inscripción en bajorrelieve en el hombro, dejando lugar para una etiqueta de papel pegado. Poco más tarde, cuando los fabricantes ingleses vieron que el consumo era muy alto, ofrecieron aplicar a los envases unos escudos en relieve -color azul en su mayoría-, y más tarde imprimir la etiqueta en el gres mismo. A esta altura ya estábamos en la década de 1880. La Primera Guerra Mundial acabó drásticamente con la importación de estos productos, los que se suspendieron totalmente en 1928 después de haber entrado anualmente más de un millón de botellas.

La observación de las colecciones excavadas permite encontrar ciertos detalles interesantes: las botellas sinusoidales se fabricaron en tres tamaños, siendo el más común el intermedio. Pero en Montevideo, Colonia y Rosario resultó ser muy común el más grande, mientras que hasta ahora en Buenos Aires jamás hallamos uno solo de ellos. El más chico de estos recipientes no fue común en ningún sitio, aunque aparece en forma esporádica en todos. Asimismo, sólo en Rosario hay de este tipo con escudo -de la cervecería Megdelín-; en colecciones de Córdoba, Santa Fe, Paraná, Montevideo y Rosario hay envases cilíndricos bicolor, lo que no hay en Buenos Aires ni en excavación ni en colecciones. Esto muestra que la importación era selectiva y que a cada ciudad se enviaban productos de marcas y fábricas diferentes que tenían sus propias áreas de distribución; los envasadores y luego los fabricantes de cerveza locales debían tener contratos exclusivos con los ceramistas europeos.

Un detalle interesante es que estos envases, cuando venían llenos, solían traer un sello de plomo, sea como una cubierta estampada o con un precinto redondo colocado sobre el alambre que ataba el tapón. Debido a que varios de éstos tenían el dibujo de un cerdo, les quedó el nombre popular de cerveza chancho. Es habitual que en la marca del fabricante haya un número que indica la partida u orden de fabricación: esto se estableció al observar que en su mayoría los números más antiguos se hallan en contextos más viejos, aunque no es siempre así debido al reuso. Algunos precintos han sido restaurados, pudiéndose leer las siguientes marcas (Volpe 1994, Schávelzon 1994):

T.B. HALL & Co. -TRADE MARK-EXPORT BOTTLERS-LIVERPOOL

BLOOD WOLFE & Co. -LIVERPOOL

Wm. EDMONDS (?) -LIVERPOOL

GEORGE CURLING & Co.-TRADE MARK-LONDON

WELL PARK BREWERY

Los fabricantes de los envases no fueron muchos por cierto, o por lo menos los que dejaron sus nombres estampados en ellos, según el siguiente detalle: J. Macintayre, Liverpool; Price, Bristol; Port Dundas, Glasgow; Samuel York & Co., Wolverhampton; H. Kennedy, Barrowfield, Glasgow; Campbelfield, Glasgow; Midland Pottery, Liverpool; Midland Pottery, Melling; Grosvenor, Glasgow; Powel, Bristol; Davidson, Glasgow; Murray, Glasgow; Doulton, Lambeth; Govancroft, Glasgow; Algunas de estas fábricas tienen fechamientos muy bien determinados, como F. Grosvenor y su Eagle Pottery en Bridgeton, Glasgow, que registró su marca en 1869 y cerró en 1899; Henry Kennedy & Sons Ltd. tuvo su fábrica Barrowfield Pottery en Glasgow entre 1866 y 1929; Port Dundas Pottery Co. de Bishop Street en esa misma ciudad fabricó envases de este tipo desde 1819 hasta 1934 figurando desde 1845 como "& Co."; la Campbellfield Pottery Co. de Springburn, Glasgow, trabajó entre 1850 y 1905; William Powell & Sons de Bristol y su fábrica Temple Gate Pottery estuvo activa entre 1830 y 1906, pero tuvo otra fábrica menor entre 1816 y 1830 con el mismo nombre;

W.F. Murray and Co. con su Caledonian Pottery Co. en Rutherglen, Glasgow, estuvo activa entre 1870 y 1898; Doulton and Co. de Lambeth comenzó a producir bajo este nombre en 1858 y sus épocas de producción con sello ovalado es a partir de 1869 y entre 1872 y 1879 incluyó la fecha y aún continúa existiendo; entre 1820 y 1858 figuró como Doulton and Watts aunque a veces se siguió usando esta denominación en años posteriores. J.C. Price de Bristol comenzó en 1735 con diversos tipos de gres y hay variantes de su marca a lo largo de todo el siglo XIX. Govancroft Potteries, en Tollcross, Glasgow, se instaló en 1913 siendo la más tardía de todas (Askey 1981, Godden 1989, Cushion 1987). En el caso de Rosario se conocen las fechas de funcionamiento de las fábricas envasadoras locales: todas se ubican entre 1874 y 1900, salvo una que comenzó en 1858. Estas fechas son similares a las de Buenos Aires, en donde Juan Buhler (a veces mal escrito Buehler) se instaló en Bolívar 320 en 1858 y Emilio Bieckert puso su primer negocio en la calle Salta 212, en 1860; para 1895 había en el país 61 fábricas que producían más de 15 millones de litros anuales .

Cuadro esquemático con los cambios en los envases de gres para cerveza inglesa durante el siglo XIX, en la ciudad de Buenos Aires.

Dos botellas de gres de cerveza, una blanca y otra bicolor, excavadas en Defensa 751, Buenos Aires [archivo C.A.U.]

Botellas cilíndricas de cerveza con la inscripción en bajorrelieve en el hombro de Juan Buehler y Emilio Bieckert, excavadas en Defensa 751, Buenos Aires [archivo C.A.U.].